Relatos de inmigrantes (4).-
Sergio Reyes II
‘Ñaño’.
Un sublime
sentimiento viaja junto a las ondulaciones de los acordes musicales que brotan
con profunda entonación de la guitarra, envolviendo al auditorio en una velada
cargada de fervorosa espiritualidad. Sin embargo, desde su posición cimera, el
organista intercambia miradas cómplices con el baterista, el bajista y los
demás integrantes de la banda sacra que ha sido conformada para acompañar las
entonaciones del coro así como los himnos y cánticos de uso frecuente por la
feligresía católica que domingo a domingo se da cita en la parroquia de La
Encarnación, en la parte norte de Manhattan.
Y no es para menos.
El dominio de la técnica y la brega constante en estos menesteres les permite
apreciar en su fuero interno que más de una nota de aquellas que brotan con
alocada profusión de las cuerdas que son pulsadas por Ñaño pueden ser adecuadas
para una balada, una bachata o cualquier otro género profano, pero no para
música sacralizada, con fines de sosegamiento espiritual, como la que se estila
interpretar en este solemne recinto.
Algo ronda en el ánimo del hombre, en este día, provocando una
severa disociación frente al deber que le impele, cada fin de semana, a llenar
su vida de templanza y abandono de los placeres mundanos de antaño. Parece que,
por momentos, las carencias y limitaciones propias a su condición de inmigrante
indocumentado, junto a las angustias inherentes a su crudo presente, se han
desencadenado estrepitosamente sobre su austera personalidad afectando
severamente su proverbial autodominio.
El primoroso coro de
ángeles terrenales, integrado por balbucientes promesas del canto reclutados
entre grupos familiares de la feligresía, impuso un cambio en la fluctuación de
las entonaciones, trayendo, de paso, un respiro en el semblante del peruano que
hace las veces de Director de aquella
curiosa agrupación musical que a su vez, está integrada por una abigarrada
mezcla de razas, lenguas y culturas, tan amplia como los colores y las banderas
de los pueblos ubicados hacia el sur del Río Grande.
Le esperé a la
entrada del templo, al finalizar el oficio de la Misa y luego de atender mis
propias urgencias espirituales frente a una impecable imagen de Tatica (*) que engalana la parroquia de
nuestro vecindario y que me inundó de una grata impresión. Un caluroso abrazo
nos envolvió, al reunirnos después de casi tres años sin saber el uno del otro.
Las palabras brotaban a borbotones mientras nos desplazábamos por las calles
del vecindario, con rumbo a su actual
domicilio.
Una extensa jornada
de mutuas confidencias nos esperaba, sazonada con las más descollantes y
recientes historias de andanzas, enredos de faldas, anécdotas y actualización
en el mundillo de la chismografía relacionada con amigos y conocidos. Más aún
después de que Ñaño se detuvo en el Liquor Store de la esquina y, sin
permitirme contribuir con el importe, anunció solemnemente: -Con este
‘Frontera’ es que vamos a ‘bajar’ la chuletica que tengo en la casa!!-,
refiriéndose, obviamente, a mi acendrada predilección por el famoso vino
chileno bautizado con el citado nombre y, más que nada, al apetito voraz que me
embarga cuando estoy frente a una de sus sabrosas especialidades culinarias.
Andando y haciendo,
entre chistes y confidencias a medio terminar, los apresurados pasos nos
acercaban al anunciado domicilio, y, de repente, deseoso de ponerme a tono con
un delicado capítulo en la vida de este entrañable amigo, antes de arribar a su
hogar dejé caer, como al descuido, la demoledora pregunta:
-Y
tu hijita? Que ha sido de ella?-
Ante lo cual, con
ojos vidriosos y entrecortadas palabras que volaron fugaces junto a las ondas
del viento que corren alocadas en la anchurosa Avenida Ámsterdam, me respondió:
-Se
la llevó su Mamá para Chile, después de quitarme todo y dejarme solo y enfermo,
durmiendo ‘a la buena de Dios’ en un cuarto de basement que un amigo me cedió,
desinteresadamente.
-Ya me supera en tamaño y salió muy aplicada en los
estudios. De cuando en cuando nos comunicamos por Internet.
Estoy ahorrando para comprarle el pasaje y traerla
en las vacaciones del próximo año.
… si la mái la deja!-
Y, cambiando
bruscamente el tema, agregó:
-Pero
no hablemos de cosas tristes, que el de hoy es un día para festejar. Estamos?-
Por toda respuesta y
acogiendo con indulgencia su angustiante pedido, engarcé sus hombros con mi brazo y empezamos a bajar
los escalones que conducen a la cálida morada de este amigo de andanzas,
inquietudes y veleidades de antaño, para envolvernos, a continuación, entre
copa y copa y bajo los efluvios del guiso, en el apasionante mundillo de
añoranzas y confidencias que llevamos a cuestas y brotan a borbotones, sin
poder evitarlo, cada vez que se juntan en tierra extraña dos inmigrantes
aquejados por igual de dolencias del corazón.
( * ).- Tatica.- Término del lenguaje coloquial con el
que se denomina a la Virgen de la Altagracia, Patrona Espiritual de la República
Dominicana.
NYC; 04/11/13.


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