Sergio Reyes II.
Cocinero,
por necesidad.
Una
profunda humareda se eleva por encima de la estufa, ocupa el espacio de la
cocina y amenaza con arropar el 'aparatico' de la alarma, disparando el chillón
pitido al que Moncho le tiene tanta aversión y del que, a la fecha, ya guarda
un rosario de amargas y vergonzosas experiencias.
De
inmediato, abre de par en par las hojas de la ventana, haciendo caso omiso de
la gélida temperatura que se cuela de inmediato trastocando el tibio ambiente
que prevalece en el hogar por la acción del aparato de calefacción, y procede a
ejecutar frenéticas sacudidas al humo, ayudándose para ello con una toalla de
mano, para así expulsarlo hacia el espacio exterior y resolver el problema,
antes de que comiencen a llegarle los furibundos chillidos de reprobación de
los demás inquilinos del apartamento.



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